Fernando Gascón

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Bilbao de Hierro

Paseando el otro día por la orilla de la ría, junto al Guggenheim, me detuve un buen rato a contemplar una exposición de fotografías al aire libre. Eran imágenes de Bilbao de lo que, desde siempre, se ha conocido como “ la campa de los ingleses “ y de la industria que durante décadas allí se asentó. A día de hoy lo ocupa el paseo y el imponente edificio del Museo.

También escuchaba los comentarios que la gente hacía y que, como yo, se paraba a ver la imágenes con curiosidad y sorpresa en algún caso. La mayoría de ellos ya los he oído muchas veces antes. No traspasan lo aparente.

Comienza el relato fotográfico con la primera imagen que nos lleva a finales del siglo XIX, y a partir de ahí, con una imagen por década, más o menos, hasta llegar a nuestros días, podemos ver la trasformación de ese tramo de la ría durante poco más de un siglo y que representa, como ninguna otra imagen, la trasformación de la ciudad.

Tengo la edad suficiente para recordar un relativamente largo período de la historia que allí se cuenta , casi siempre desde el privilegiado mirador que era el Puente de Deusto, y mi corazón se llenó de un sentimiento de agridulce nostalgia.

Debo admitir que soy de los que siempre he reivindicado la belleza de aquel Bilbao de hierro que conocí muy joven, pero que pude vivir lo suficiente. Y vuelvo, al contemplar esas imágenes, a fascinarme con la belleza áspera, brutal, de aquel paisaje industrial , de ciudad portuaria, que es lo que éramos, y con la sensación de actividad, de pujanza y de fuerza que me trasmite; barcos amarrados en fila en los muelles, gabarras abarloadas unas junto a otras, astilleros construyendo soberbios buques para todo el mundo, largos trenes de mercancías , vagones cargados con mineral, acero, madera, contenedores…la sensación de una ciudad imparable.

Aquel duro paisaje gris de Bilbao, hervía en el interior de gente de todas partes, trabajando, generando riqueza para toda la ciudad, esa ciudad que si para algunos, demasiados, era sucia y fea, – dicen- para mí era hermosa, poderosa, cautivadora, desbordante de vida por el día y por la noche que se repartía entre sus calles, donde se podía encontrar algunos de los mejores comercios, donde vestían a la gente más elegante, – se decía y estoy acuerdo-, de lujosas cafeterías; de garitos clandestinos y de sencillas tascas de currantes y txikiteros en las que se podía comer como Dios y beber como los ángeles; de edificios de oficinas, sólidos, recios todos, monumentales muchos, renegridos por el hollín a juego con nuestro cielo, majestuosos, y que albergaban algunas de las empresas más importantes de España. Un poco sucio, de acuerdo, pero formidable. Y ahí está nuestra Historia, con mayúsculas.

Aquel Bilbao que yo conocí ya no es el mismo. Ha cambiado. Se ha convertido en una luminosa y coqueta ciudad que busca una nueva identidad, un sitio en la competición global por atraer al turista.

Desde esta crónica, un homenaje a aquel Bilbao que tanto amé y que yo, echo mucho de menos. Un respeto, aquí hacíamos barcos…

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Escrito por BClick

5 comentarios

Los más jóvenes creo que desconocen como lo pasabamos en Bilbao y no hace tantos años, cuando la ciudad tenía un color que imponía respeto y cuando habia trabajo seguro, empresas por todos los lados, taskas con comida vasca de aqui, como dice, de Bilbao de toda la vida, se comía como en casa dela amatxu y nuestros hijos no tenían que marcharse de su tierra por falta de trabajo. Estamos orgullosos de lo que se ha hecho en Bilbao, hemos salido muy bien de paso después que se cayerá toda la industria ( lástima ) pero es verdad que yo también tengo un recuerdo muy bueno de aquel Bilbao industrial, ciudad puntera, a la que volvería.

Querido Fernando, yo al igual que tú, por edad, he conocido esas orillas muy de cerca.
vivía en El Campo de Volantín y era alumna del Colegio Alemán, que en los años 50 hasta que se construyó el actual, en Txurdínaga, estábamos repartidos entre unos pisos en Alda. de Recalde y el actual Hotel Dómine y los chicos bajaban a hacer deporte en la Campa de los Ingleses, que mencionas en tu escrito. Para ir al colegio cruzaba desde el Campo de Volantín con ” el bote ” que aún recuerdo el nombre del botero, Nazario, y cruzábamos entre las vías de los trenes que venían cargados de hierro, carbón, etc, que traían del Puerto y lo iban descargando en montones a lo largo de esas orillas.
recuerdos muy bonitos de infancia y juventud!!!!

Hay un pintor, Juan Ramón Luzuriaga, nacido en Deusto, que ha pintado a Ría de BIlbao, increíblemente real con aquellos cielos grises y que cuando abrían Los Altos Hornos y echaban aquellas bocanadas de hierro fundido, el cielo se ponía color rojo/grisáceo y las orillas de los astilleros llenos de barcos en construcción. Acordaros que cuando había una botadura, nos cortaban la carretera de la Ría al tráfico y era un auténtico espectáculo ver caer el barco al agua!!!

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