Por Elena Marsal

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Bilbao rojiblanco

La Villa De Don Diego empieza hoy la cuenta atrás para encarar el acontecimiento del año. Mañana, sábado 30 de mayo, el Athletic Club de Bilbao va a jugar su enésima Final De Copa. Contra el Barça. En el Camp Nou, para más señas. Y, como parece lógico y normal, toda la ciudadanía ha enloquecido. Los particulares y la administración pública. Los del mismo mismo Bilbao y los de todos los municipios de Bizkaia. Los futboleros irredentos y los que no han visto un partido en su vida. Bilbao comenzó hace ya días a vestirse de rojiblanco; y ahora mismo no hay un punto en la Villa desde el que no se vea un escudo, una bandera, un cartel o una pancarta. Las instituciones han tirado de presupuesto, y ahí tenemos la enorme balconera que cuelga en el Palacio De La Diputación, clamando ‘Bizkaia zurekin’; el gigantesco cartel con la camiseta del número 12 que tapa casi por completo la fachada del Edificio De Bilbao Turismo en la Plaza Circular; pendones rojiblancos en las farolas de Hurtado de Amézaga y de la calle Navarra; incluso en el edificio de la Delegación del Gobierno en Moyúa se colocó el correspondiente distintivo, hasta que alguien (no he querido indagar en el quién o en el porqué) lo mandó retirar; y veinticuatro unidades de Bilbobus están ya circulando cubiertos bajo el lema ‘Athletic gu gara – Somos Athletic“, que se mantendrán toda la próxima semana si ganamos la copa. Y los ciudadanos de a pie no iban a ser menos, y han contribuido a la decoración engalanando sus balcones y ventanas; asociaciones vecinales del Casco Viejo han puesto techo a calles enteras con tiras atravesadas (con un permiso municipal que a otros en otras ocasiones se les ha negado); hosteleros y comerciantes han decorado bares y escaparates; los senegaleses que nos proveen de calcetines durante todo el año sólo llevan estos días mercancía rojiblanca; familias enteras -desde el bebé del cochecito hasta la abuela- pasean por las calles enfundados en las correspondientes camisetas, o arropados, a pesar del calor, con las pertinentes bufandas; y juro que he visto hasta una manicura de uñas rojas y sobre ellas un diminuto escudo del Athletic pintado a pincel. Sé que el Athletic trasciende lo meramente deportivo, y es más una filosofía común y una religión, y la bandera que nos une; pero a la vez nos saca la vena aldeana y nos vuelve un poco cerriles. Porque todo este esfuerzo también podría canalizarse hacia otros objetivos, y hacer que Bilbao tuviera este dinamismo durante todo el año, con cada fiesta, con cada acontecimiento y con cada iniciativa. Pero parece ser que, por muy internacionales que pretendamos habernos vuelto, los colores rojiblancos siguen siendo la única seña de identidad que nos hace aflorar el entusiasmo. A nadie le importa un pimiento el Festival del Sol, que se celebra estos días en Bilbao; ni sé cuánto público habrá el domingo en el Ibilaldia, que también se celebra en la Villa, porque todo el que haga noche en Barcelona va a llegar un pelín tarde…; y estoy segura de que los resultados de las elecciones del domingo pasado a muchos preocuparon menos que el resultado en la final de mañana. Y parece ser que ya ha amainado la sensación de tomadura de pelo por el detallito de que se juegue en el Camp Nou, tras una decisión tomada después de que ya se supiera que el Barça era uno de los dos finalistas. Somos de Bilbao (¿o no?), y esto no va a impedir que tiremos la casa por la ventana, que cuarenta mil vizcaínos vayan a ir a Barcelona a ver el partido en el Camp Nou, y otros tantos, se estima, sin entrada, a meterse en la pomada… y a dejarse allí medio sueldo. Hay gente que ha pedido libre en el curro desde el viernes, que se ha cogido días de vacaciones, que ha pedido un ‘adelanto’…; hay quien va a cerrar por unos días su pequeño negocio, o a dejarlo en manos ajenas; familias enteras arrancan hoy por carretera, y los vuelos están todos petaos; y he oído que intentar conseguir una reserva para cenar mañana en la Ciudad Condal es misión imposible. También he oído que la gabarra no flota -lógico, si se tiene en cuenta que lleva más de treinta años en dique seco– y que si hubiera que pasear la copa por la Ría habría que hacerlo en el barquito de Bilboats. Peor sería que tuvieran que llevarla a nado. En fin: espero y deseo que gane el Athletic. Porque siempre y en toda circunstancia espero y deseo que gane el Athletic, faltaría más. Pero esta vez con más motivo, porque si esa copa no se viene para Bilbao el bajonazo va a ser de escándalo. Y porque todo este entusiasmo (para algunos digno de mejor causa) al menos merece una recompensa. Ahora mismo no se me ocurre una desgracia mayor que venir sin la copa…y “pelaos”. Pobrecito nuestro comercio. Texto: Elena Marsal Foto: J. M. Tortajada

Escrito por BClick

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