Elena Marsal

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Historias de desamor

Superado el periodo vacacional de Semana Santa y Pascua, incluido un puente de cinco días en que Bilbao ha vuelto a asombrar al mundo ofreciendo esa imagen de ‘todo cerrado’ (no sólo tiendas: bancos, Correos, Mercabilbao –esta vez cinco días seguidos, y con su guardia pretoriana impidiendo el acceso-, la mitad de la hostelería de fuera de la zona del Casco Viejo, el metro con frecuencias de festivo y chapando a las once…), imagen que en breve tendrá que empezar a aparecer en guías turísticas como una de nuestras señas de identidad, los habitantes de la Villa de Don Diego volvemos a nuestros quehaceres rutinarios, y a dedicarnos a lo que nos compete. Y también han retomado sus competencias mis amigos los vecinos protestantes.

Está claro que cada cual se dedica a lo suyo; y el que tiene como suyo protestar cada vez que algo le incomoda o que alguien le pisa un callo desde luego que lo tiene fácil para encontrar un motivo, visto que la administración de nuestros dolores se toma en serio las chorradas más irrisorias; y en lugar de zanjar asuntos que hacen perder tiempo y dinero público con un “no diga usted tonterías” aquí se admite a trámite incluso la denuncia más baladí.

Esta semana, para empezar bien el retorno al curro, nos hemos encontrado con que un vecino de la Plaza Nueva ha tenido la genial ocurrencia de denunciar ante el Ararteko la ocupación de espacios públicos por parte de los hosteleros, alegando que es imposible andar entre las terrazas y los ‘elementos’ (léase tonel, repisita exterior o banco corrido pegado a la fachada) que los propietarios de los locales colocan para dar un mejor servicio a sus clientes, y que según este señor “molestan el paso de las personas”. Por lo visto este buen hombre sólo considera ‘persona’ al que pasaba por ahí, y no a los cientos de parroquianos que cada día deciden ocupar su tiempo de ocio (o de negocio, que de todos es sabido que en Bilbao se trabaja mucho entre pote y pote) poblando esta emblemática plaza bilbaina, monumento histórico artístico y una de las zonas de nuestra Villa con mayor atractivo para visitantes del mundo exterior.

El Ararteko, que debe de estar para eso, supongo, inmediatamente se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento conminando a que se aplique sin dilación la norma número tal que por lo visto contempla estas cositas: y el resultado ha sido que, de la noche a la mañana, la autoridad competente ha obligado a los veintidós locales de la Plaza Nueva a retirar objetos conspicuos y molestos para este señor; y los clientes nos hemos encontrado con que si estamos en la puerta de un bar y queremos echar un piti, o nos suena el teléfono, o simplemente queremos descansar la osamenta tras practicar un rato ese deporte tan nuestro que es el ‘levantamiento de vidrio’… pues estamos jodidos, al menos hasta que se descubra un sistema que consiga que leviten los vasos y los platos de los pintxos.

Y no sólo eso, sino que de repente, para que este hombre no se sienta tan mal, ha empezado a aplicarse la normativa vigente con tal celo que el otro día uno de los bares ya fue apercibido de sanción por empezar a montar la terraza unos minutos antes de la hora; queda terminantemente prohibido apilar las mesas y sillas bajo los arcos (esto también estaba en la denuncia del simpático vecino), y el mobiliario de terraza sólo puede moverse a la hora de guardarlo, de manera que si se pone a llover, que no es que en Bilbao sea esto muy habitual, pero podría darse, el hostelero no puede retirar sillas y mesas, y tiene que dejar que se mojen, con lo que ya no servirán para nada el resto del día, aunque vuelva a salir el sol. Como se ve, todo muy cómodo y agradable para todos; sobre todo para el vecino de marras.

Observarán que me refiero a él en singular, porque después de contrastar opiniones y hablar con otros implicados en esta historia he descubierto que va por libre, o casi: otros muchos vecinos de la misma plaza se muestran indignados por esta denuncia y sus consecuencias; y el más salao de todos ellos, un tal Josu, jubilado, residente en el lugar de autos de toda la vida y txikitero fiel de la zona ha decidido bajar su propia mesa todos los día desde su casa, y la van llevando por turnos entre los de la cuadrilla de un bar a otro, para tener por lo menos una base para apoyar las copas. Un txirene, este Josu: pero que se ande con ojo, que protestar es gratis, y su mesa metálica podría ser en cualquier momento objeto de denuncia, y un buen día se puede encontrar con que se la llevan esposada y detenida a dependencias policiales para declarar.

En fin: así siguen las cosas en este Bilbao tan solidario, donde ya ha quedado demostrado que una sola persona, si se empeña, puede amargar la vida a muchos; que la norma es blanca o negra, y no existen las medias tintas ni el sentido común; y que las historias de desamor entre unos y otros -respaldadas por la administración, que ha dado alas a los quisquillosos, a los envidiosos y a los amargados- están consiguiendo que la Villa de nuestras glorias pasadas y nuestra legendaria camaradería se convierta en un patio de Monipodio donde cada cual se dedica a su desafuero y donde nadie se libra de pagar su impuesto.

Los hosteleros de la Plaza Nueva ya han pedido una reunión urgente con el Ayuntamiento; y más vale que el tema se arregle cuanto antes, porque estas cosas sientan precedente y dan (malas) ideas; y podría no ser ésta la única zona de ambientillo de Bilbao que cayera víctima del desatino de algún otro iluminado.

Como se suele decir, seguiremos informando. Que para eso estamos.

 

 

Escrito por BClick

2 comentarios

Estoy indignada por este artículo que ironiza con un grave problema que existe actualmente en la Plaza Nueva (por fin parece que el ayuntamiento hace cumplir algo la ordenanza…), debido a la apertura de nuevos establecimientos de hostelería sin ningún control -se ha pasado de 7 a 22!!- y al incumplimiento de los hosteleros de la ordenanza.
Todas las vecinas y vecinos que conozco están indignados por la situación que se ha creado, con ruido contínuo, suciedad, ocupación del espacio público de la plaza y de los soportales, denigración del monumento histórico-artístico…
¿Acaso no son suficientes para que la autora pueda dejar su vaso las barras, mesas, barricas y estanterías de los bares y las 200 mesas instaladas en las terrazas?
¿Le parecen pocas las casi 800 sillas que hay en la plaza?

Si es tan amiga de los hosteleros, que use sus terrazas..
Menos frivolidad, los vecinos estamos hasta el gorro de tener que pedir permiso para poder acceder a nuestras viviendas y debe ser respetado el derecho de las personas invidentes o discapacitadas.
Además, debería saber la autora que los soportales de la Plaza Nueva son una cesión de espacio que hicieron los propietarios al Ayuntamiento de Bilbao, pero no para ponerlo en manos de los hosteleros, sino al servicio de toda la ciudadanía.

Datos:
En la Plaza Nueva se ha pasado de haber 7 bares a 21
Se ha pasado de 0 terrazas a 21, con un total de 200 mesas, 800 sillas, unas 60 sombrillas, mas separadores, contenedores, mesas auxiliares, etc.
Como eso no les parecía suficiente, los hosteleros comenzaron a colocar en los soportales barricas, bancos corridos, Taburetes, baldas en fachada de piedra, aperturas directas para servir en la misma fachada… Se
producen Tales aglomeraciones en los soportales que a veces es casi imposible el tránsito y el ruido es infernal. Cuando llueve los hosteleros depositan sus cientos de mesas y sillas bajo los arcos, obstaculizando el paso y dando una imagen lamentable del monumento. ¿si no tienen un lugar para guardarlo, por qué solicitan el permiso para tantos elementos?
Los hosteleros no limpian la plaza, todo queda a expensas del servicio público pagado por todos.

Los hosteleros no cumplen horarios de cierre y apertura, a pesar de que todos los nuevos sean locales “de día”.
El Victor Montes ha mantenido no cinco minutos, sino años una enorme estructura y sombrillas gigantes en la plaza de día y de noche, impidiendo incluso la limpieza a los servicios municipales.
La plaza Nueva es uno de los lugares de Bilbao que más denuncias recibe por parte de los vecinos.

Actualmente, cualquiera puede comprobar que todos los bares mantienen barricas u otros elementos a la entrada del local para depositar los vasos, pero sin ocupar tan descaradamente el espacio público.

Los vecinos tenemos derecho al descanso. De todas formas, como Elena Marsal parece muy enrrollada, si nos aporta su dirección podemos ir toda la peña al portal de su casa con barricas a tomarnos unas birras, y si nos animamos, le podemos cantar alguna canción típica de madrugada, para amenizar el ambiente….

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