Elena Marsal

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Unas de cal y otras de arena

¡Albricias, albricias! La Villa de don Diego y sus alrededores ya pueden respirar plácidamente, porque una parte de su larga tradición botxera no va a verse cercenada por normativas de nuevo cuño, como pretendían algunos.

Aunque continúa el empeño por parte de las instituciones de marcarnos a todos la senda de la vida y de explicarnos cómo tenemos que vivir nuestra propia existencia sin que nadie se salga del rebaño, de vez en cuando se atisba un ratito de luz que permite al individuo reafirmarse en su propia personalidad. Ayer me desayuné con los regocijantes titulares en prensa de “Se suprime la prohibición del consumo de alcohol en la vía pública” , “Beber en la calle, fumar en los txokos”, “La normativa vasca no prohibirá…”. Todo ello referido al proyecto de la Ley de Adicciones del Gobierno Vasco, que en su redacción original de diciembre de 2014 incluía como norma general “la prohibición del consumo de alcohol en la calle y espacios públicos, salvo expresa autorización municipal en determinados acontecimientos festivos o populares“. O sea, que venía a decir, con un par: “no al poteo, sí al botellón”. E iba más lejos, pretendiendo prohibir tomarse una birra sentado en la playa o en un banco del parque. Pero hay que reconocer que la oposición protestante a veces tiene su utilidad, y al final el despropósito no ha prosperado.

El desolado parlamentario que ha visto recortadas sus barrabasadas lamenta “que se haya perdido una oportunidad para caminar hacia una sociedad más moderna y concienciada con ese binomio ocio-diversión”, al tiempo que ha destacado “el enfoque integrador y multidisciplinar” de esta ley, que “ofrece herramientas y conocimientos para mejorar la salud y prevenir las adicciones, aportando una visión integral del problema, actuando en todos los ámbitos afectados”, y que incluye por vez primera el tratamiento de las adicciones “comportamentales”. ¡Ah! Y ya no se llama Ley de Adicciones, sino Ley de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencia.

De verdad que yo soy de letras de toda la vida; y sin embargo a veces me pierdo en el idioma ‘castellanopolítico’, con su palabrería de dos pesetas. Aunque no seré yo quien diga que no es bonito decir preciosidades como “caminar hacia una sociedad…”, o crear idioma con palabras como “comportamental”.

Pero tranquilos, villanos, que de momento no nos convierten en Estocolmo, o en Nueva York, donde la ley se tapa con bolsas de papel opacas (esa ciudad siempre me ha parecido un disparate), y podemos conservar una parte de nuestra idiosincrasia. Porque en Bilbao toda la vida se ha salido con el pote a la calle, incluso antes de la ley antitabaco, no sólo pa’echarse un piti sino para charlar, tomar el aire, ver pasar el mundo y, en suma, estar donde a uno le diera la gana. ¿Quién no se ha rezagado alguna vez tomando la ronda y se ha llevado el vaso al siguiente bar? Eso sí, para volver luego corriendo a devolverlo, que los bilbainos, antes de que nos invadieran las hordas ‘multiplurales’, la falta de educación cívica y la insustancialidad desde varios flancos, siempre hemos sido muy respetuosos con todo, y especialmente con la hostelería.

Me queda un puntito de pena porque cuando leí en su día lo que propugnaba el famoso proyecto decidí que iba a hacerme con un botellón de litro de San Miguel, rellenarlo con agüita del grifo y pasearme por las calles (“¡Cómo te gusta tocar las pelotas!” -me dijo un amigo al que se lo comenté), fingiendo -sólo fingiendo, que el agua a veces me produce algo de alergia- pegarle grandes tragos cada vez que pasara ante la municipalidad competente. A ver si también había huevos para sacar una normativa que especificase en qué recipientes se puede y en cuáles no se puede beber agua. Pero, en fin: tendré que guardar mi brillante idea para otra ocasión.

También se ha caído -para más desolación de sus impulsores, me imagino- el proyecto que pretendía prohibir absolutamente fumar en todas las sociedades gastronómicas, léase txokos, fueran de titularidad pública o privada, dejando ahora esto a la elección de sus socios en el caso de las privadas (siempre que no haya menores -por cierto: ¿qué pintan los ‘menores’ en un txoko?).

O sea, que los propios propietarios de los propios txokos van a poder fumar si les da la propia gana en su propia propiedad. Impresionante. Esto es libertad y lo demás son tonterías. No sé de qué nos quejamos a veces.

De momento con todo esto ya me quedo un poco más tranquila, porque así se cierra el camino a la posibilidad de ampliar la norma y prohibirme fumar o beber en mi propia casa (a pesar de que ésta contenga menores, aunque sean los míos propios; pero aquí ya se meterían en demasiados berenjenales).

Por otro lado la Ley dará “carta de naturaleza”, sea ello lo que fuere, a los clubes de cannabis para que puedan quedar legalmente constituidos, aunque se deja para un futuro su regulación mediante reglamento. Lo que me parece una tontería: una cosa es liarse un peta en la puerta de un bar porque te apetece y otra ir ya deliberadamente a un ‘club’ donde te lo vas a fumar sí o sí, por una especie de prescripción facultativa. Pero en fin: doctores tiene, supongo, la santa madre reguladora de los vicios y actitudes personales.

Y eso sí: la nueva ley “planta cara al tabaco”, prohibiendo fumar (¡qué ganas tenían algunos!) en lugares públicos, aunque estén al aire libre, como estadios de fútbol y plazas de toros.

La ley antitabaco ya se cargó en su día cosas tan nuestras y tradicionales como los frontones (el puro en el bolsillo de la camisa era sagrado, recuerdo), las partidas de mus en los bares con el coñac y la faria… Y aunque no creo que nada ni nadie pueda con el Athletic, lo de Vista Alegre va a traer cola en el aspecto de la -ya escuálida- recaudación (para regocijo de muchos, supongo).

Al final la ponencia, que hoy mismo analiza la exposición de motivos para esta norma y será debatida en marzo -¡la de pasta que nos dejamos pagando a gente para que dedique el tiempo a trillar sobre lo ya trillado!-, tiene como fin prohibir unas cuantas cosas (no tantas como pretendían) y a enseñar a los ciudadanos lo que tienen que hacer, al grito de “promover entre la población conductas saludables”. Y muchos la aplaudirán porque no son capaces de pensar por su cuenta.

Y luego toda esta ley del Gobierno Vasco deja por ahí flecos a dependencia de cada ayuntamiento. Esperemos que en nuestro caso triunfe el bilbainismo.

Escrito por BClick

2 comentarios

No se entiende, prohiben fumar en los locales y por otro lado darán carta abierta a los clubes de cannabis. No tiene sentido. Escribes increíble Elena.

De acuerdo con Luka y con Elena Marsal porque la ley anti alcohol en el exterior de los establecimientos anima al botellón y no al poteo

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